01 Feb

“Madura en el subsuelo la vegetación de los desastres” Octavio Paz. Vuelta (1969-1974).

A principios de los sesenta del siglo pasado, Arthur C. Clarke, en su relato “Marque F de Frankenstein” imaginó una red telefónica que, al estar cada vez mas interconectada, generó de forma espontánea una inteligencia y provocó con ello un caos global a medida que se hacía del control de los sistemas controlados hasta entonces por los seres humanos. Un siglo antes, John Stuart Mill en su obra “A system of Logic” (1843), estableció que las leyes heteropáticas no cumplen el principio de la composición de causas, es decir, no siguen el principio de composición de causas que dicta que el efecto conjunto de varias causas es igual a la suma de sus efectos por separado. Si, como señala Oscar Wilde, la naturaleza copia al arte, en la actualidad la propiedad que surge de la interacción de entidades fundamentales y que se transforma y se vuelve novedosa o irreducible de aquellas de las que surgió inicialmente se denomina emergencia. 

Un fenómeno emergente es, por ejemplo, la complejidad de la problemática generada por las múltiples interacciones entre habitantes, infraestructura, geografía, medio ambiente, economía, etc. en el diseño de las grandes ciudades. En una mega-urbe sus problemas son mayores que la suma de sus partes. 

Otra definición de emergencia refiere a una situación de peligro que requiere una acción inmediata; por ejemplo, es la atención a problemáticas que se presentan en las ciudades al momento de presentarse una pandemia como la que estamos viviendo.

Sea cual fuere la definición de emergencia empleada, su enseñanza e interacción con el diseño no es baladí y se intenta estudiar, desde sus primeros cursos, en las universidades e institutos tecnológicos. Actualmente, en la enseñanza del diseño, existen básicamente tres enfoques para su impartición: El primero - que lamentablemente es el más común a nivel profesional - es el enfoque basando en técnicas heredadas de las academias de artes del siglo XVIII. Esto equivale a pensar que los físicos contemporáneos intentaran resolver sus ecuaciones con base en el estudio del éter o que los químicos buscaran respuestas a través de la teoría del flogisto. 

Un segundo enfoque, generalmente impulsado en los estudios de posgrado, es el de utilizar metodologías provenientes de otras áreas del conocimiento. La razón de ello es que, a diferencia de las ciencias nomotéticas, de las ciencias sociales o del arte, las disciplinas proyectuales aún carecen de una metodología con el mismo rango y valor identificatorio que las otras. Esto trae consigo una debilidad que es una fortaleza a la vez: la disciplina proyectual del diseño emplea técnicas metodológicas provenientes de todas ellas; para algunos temas se emplea la hermenéutica (como en el estudio teórico del arte), en otros, los métodos cualitativos (como en las ciencias sociales), o bien, se intentan utilizar modelos matemáticos importados desde las disciplinas nomotéticas. Dicha mixtura hace que muchos diseñadores, aún proviniendo de la misma instancia académica que les otorgó su título, se integren a las áreas artísticas, otros a las ciencias sociales y otros a las disciplinas científico-tecnológicas. 

El tercer enfoque es un reto y una oportunidad: Un diseño que considera que las categorías de análisis anteriores son insuficientes para entender las problemáticas emergentes del diseño en el siglo XXI y que es necesario hacer uso de las nuevas herramientas epistémicas que expliquen estos nuevos fenómenos. Este enfoque, sin embargo, aún se encuentra en la fase que Tomas Kuhn definió como investigación extraordinaria, en donde la ciencia normal se encuentra “extraviada”, y su visión fragmentada en algunos de sus preceptos. Este último enfoque, al carecer de una base sólida y consensuada entre pares, a veces deriva en discusiones bizantinas con tendencias despectivas. La falta de comprensión, o incluso el miedo a salir de la zona de confort, impide su total incorporación a los planes de estudio para su enseñanza. 

Derivado de lo anterior, el diseño se encuentra ahora en la misma encrucijada que aquellos estudios antropológicos del siglo XIX vinculados a los intereses del colonialismo europeo procedente de la Revolución industrial. Para muchas personas hablar de diseño es hablar únicamente de “moda”, de lo “objetual-edilicio”, del trazo, del dibujo, o del “estilo design” anglosajón. Esta idea ha propiciado que el diseño sea `parte del “DAS MAN” heideggeriano que establece, fija y decreta el modo de ser de la cotidianidad y conduce hacia una comprensión inauténtica de nosotros mismos. El diseño “objetual-edilicio” busca “rescatar” la historia del diseño, de los objetos y de la arquitectura sometiendo, a los países periféricos, a la hegemonía de nuevos intereses económicos y de nuevos instrumentos de control y dominación. 

Frente a esta postura que ha propiciado el deterioro ambiental, el uso indiscriminado de recursos y la aspiración de una vida de desarrollo creciente en donde consumimos para producir y producimos para consumir, está el planteamiento que considera que los objetos, y las realizaciones, por si mismos carecen de historia. Quien tiene historia es el ser humano que es el que otorga una connotación simbólica a tales objetos. 

Esta postura, considera al diseño, no sólo como una “cultura de expertos”, “de especialistas” o de “artistas” sino como una actividad que compartimos y desarrollamos todos los humanos: una actividad que hizo que hace tres millones de años un hominino “prefigurara” herramientas al observar una rama y una liana y que dejara testimonio de sus realizaciones a sus descendientes. Este nuevo enfoque permite pensar en un nuevo diseño, centrado en la esencia compleja de la naturaleza humana. 

A mediados del siglo XX, durante su discurso de aceptación del Premio Nobel, William Faulkner advertía que, ante los problemas que se avecinaban, uno de los deberes del poeta era ser el pilar para hacer prevalecer el recuerdo del valor, del honor, de la esperanza, del orgullo, de la compasión, la piedad y el sacrificio como glorias del pasado humano. Más de medio siglo después, los problemas emergentes hacia el medio ambiente propiciados por la interacción humana de 20 millones de habitantes en regiones como Sao Paulo, de 30 millones, como en el Área del Gran Tokio, o de 100 millones, como en la Región Metropolitana de Jing-Jin-Ji, impulsan el diseño de nuevas utopías. Para Rafael López Rangel, estas utopías “son organizaciones de ideas, que no brotan –aunque a veces podría parecer- de manera caprichosa. Son construidas, por individuos o grupos sociales específicos y en momentos históricos determinados. Por lo tanto, se torna indispensable, en la investigación histórica, reconstruir el proceso de producción, creación y significado complejo de las utopías en cuestión, tomando en cuenta los diversos procesos que las construyen, las retroacciones que se producen y autoproducen, así como los significados que entrañan ahora”. 

Ante las nuevas emergencias ambientales, con esperanza y sin nostalgia, las propuestas complejas y emergentes de los nuevos diseñadores pueden fortalecer estas utopías otorgando valores simbólicos emancipadores a sus realizaciones; propiciando también la transformación ideológica imperante del consumo; poniendo sobre la mesa el debate sobre el desarrollo y el decrecimiento; imaginando un mundo más justo y equitativo con los que menos tienen. Un mundo habitado por humanos que, al decir de Faulkner, posean un alma y un espíritu capaz de compasión, de sacrificio y de resistencia. 

Ciudad de México, invierno de 2022

Acerca del Autor:

Francisco Platas López es Doctor en Ciencias y Artes para el Diseño, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT), profesor de tiempo completo definitivo de la Universidad Autónoma del Estado de México, profesor de posgrado en la UNAM y Académico Internacional por la Sociedad para la Historia de la Tecnología de Estado Unidos. Entre sus reconocimientos están: Premio Especial de la ONU para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, Diseña México, 2020; Fue designado leadership facilitator, por la ONU y la Organización Mundial de Diseño en el Desafío de diseño para la equidad de género en Asia y el Pacífico; fue Premio Nacional de Diseño en 2018. Su línea de investigación es diseño complejo para la vida cotidiana, la vulnerabilidad y el riesgo.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.